Historia de un sueño

Un día mi padre nada más llegar a casa después de haber vuelto de la tan esperada cumbre del clima en "Hopenhaguen", me dió un abrazo, me miró a los ojos y me dijo:

 

"Inmita, tengo que hablar contigo"

 

Entonces me llevó al sofá, se sentó conmigo y me dió una de las charlas más duras que jamás había escuchado antes.

Me habló del tratado de Kyoto, de China, de la India, del temido despertar del dragón Asiático. Me habló del 2050, por cada frase que decía su semblante se oscurecía todavía más, la angustia y el abatimiento se notaban en sus palabras...

Nunca había visto a mi padre así... Estaba decepcionado con ser humano.

 

"¡Papá!, ¿Quieres callarte ya?"- Salté del sofá con lágrimas en los ojos de pura impotencia

"¿No ves lo que te han hecho?

¡Si los políticos no son capaces de actuar por sus ciudadanos, seremos nosotros los que temgamos que actuar por ellos!

 

De esta forma empecé a creer en las generaciones futuras, en los jóvenes, pues los mayores me habían decepcionado... ¡Y qué casualidad! Resulta que me dí cuenta de que me tocaba a mí.

 

Si nos pasan la bola, podemos aprender de su mal ejemplo o podemos construir nuestro futuro.

 

Por eso empecé un proyecto de acción y de lucha, o bueno, se quedó en un intento...

Consistía en ir a los parques y zonas naturales y recoger toda la basura que la gente tiraba.

Curiosamente no pudimos terminar nunca, porque aunque nos matábamos a trabajar, la gente no cambiaba...

"Entonces, el problema es la sociedad"- Me dije, y me dispuse a cambiar el problema de raíz.

 

Es entonces cuando mi salvador padre (bueno, en verdad no se llama "Salvador", se llama Jesús jeje) protagonizó una mini serie de Ciencia y Conciencia, puesto que ahí está la clave.

 

Pero yo no me quería quedar atrás, por lo que empecé a cultivar plantones plantando semillas. Al poco me uní al proyecto de plantar 1 millón de árboles, expuesto en el libro "La fábrica de árboles" del vicepresidente de SUSTENTA Miguel Gilaranz, pero nos tropezamos con la crisis; pues

  • Es muy costoso encontrar terreno, semillas, ir a regarlo todos los días y mantenerlo.

Pero no desistí... la pregunta ahora era: ¿Cómo puedo conciliar acción y concienciación? La respuesta vino sola con el tiempo; si no tengo sitio para plantar 1 millón de árboles reales, ¿qué tal si los planto en internet? Y mejor aún, en vez de plantarlos yo ¿por qué no los planta la gente?

 

La idea es sencilla, ¿cómo ponerla en práctica?

 

Termino agradeciendo la ayuda de todos vosotros  quienes demostrais que  todavía se puede tener Fe en el hombre. Dejad de pasarle la bola a los jóvenes... Hay que levantarse del sofá y empezar a ACTUAR.